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La ausencia de
mayores pronunciamientos sobre el sector, en
el mensaje presidencial, ha sido notable.
Estamos viviendo épocas en que los recursos
energéticos son temas omnipresentes en las
agendas de los gobiernos de los países que
proyectan su desarrollo, porque su
abastecimiento garantizado en el mediano y
largo plazo condiciona todo plan, porque los
recursos energéticos mas empleados amenazan
con escasear en el planeta, porque se elevan
sus precios a límites insospechados y porque
pueden desencadenar graves enfrentamientos
entre países. Por estas razones, entre
otras, en foros y reuniones en los últimos
meses, con técnicos y especialistas del
sector, se viene sosteniendo que los
recursos energéticos son de carácter
estratégico y contribuyen decididamente a la
seguridad nacional.
Entonces, mas que la voceada renegociación
del gas de Camisea, recurso energético que
poseemos en una cantidad relativamente
pequeña, (5 veces menos que las reservas que
posee Bolivia) al lado de nuestro enorme
potencial hidroenergético de 50,000 MW
escasamente utilizado, se hace cada vez mas
urgente que el Gobierno diseñe una política
de Estado en la materia, que persiga el
beneficio efectivo de Camisea para el país y
para los peruanos, que defina para el largo
plazo las mejores estrategias de utilización
de nuestros recursos energéticos, que se
agoten los análisis de adecuación de nuestra
matriz energética a un plan de desarrollo
efectivo.
Este ordenamiento debe ser impulsado y
concordado por todas las tiendas políticas,
para alejar toda improvisación en la toma de
decisiones de utilización del gas de
Camisea, para que se revise el beneficio
real de su exportación como insumo sin valor
agregado, para impulsar un plan agresivo de
promoción de la industria y de generación de
riqueza sustentado en nuestra disponibilidad
de energéticos.
De otro lado, ya se hace necesario
fortalecer la gestión ambiental del Estado.
La salud, la calidad de vida de nuestros
pueblos y por lo tanto el propio desarrollo
económico se ven amenazados ahora por
prácticas no sustentables de nuestros
grandes proyectos, debido a que por mucho
tiempo se ha descuidado de manera general,
los aspectos ambientales. En la actualidad
se reconoce mundialmente que una economía
sana es viable solo si se cuida
esmeradamente el medio ambiente. En nuestro
caso, hacen falta medidas eficaces para un
manejo efectivo de los pasivos ambientales,
el perfeccionamiento de la normatividad para
la supervisión y seguimiento de los daños
ambientales, una medición de los efectos de
la regulación existente para mejorarlos,
evaluar los numerosos casos en que se ha
producido daño social para adoptar medidas
de prevención, etc. La difusión de una
cultura ambiental y la participación de los
gobiernos regionales y municipales y la
creación de una conciencia ambiental entre
los agentes políticos, económicos y de la
sociedad civil en su conjunto, son acciones
urgentes.
La electrificación rural también ha sido
mencionada tangencialmente como un
requerimiento mas por atenderse, como si se
tratase de obra de infraestructura como el
agua o los caminos para los pueblos. Bajo
esta concepción se ha alcanzado una frontera
de electrificación del 76% en el país y el
modelo usado hasta ahora es el de la
expansión de las redes eléctricas
principalmente. Lo que no se puede saber es
hasta que punto, este modelo de
infraestructura, va a seguir beneficiando
efectivamente a aquellos poblados tan
dispersos y tan empobrecidos que falta
todavía atender, donde sus moradores tienen
hábitos de uso de electricidad nulos y donde
la electricidad por si sola no representan
una ayuda real para ellos. La pregunta es,
como se va a continuar con la
electrificación rural en adelante.
Esperamos que estas consideraciones sean en
algún momento contemplado por el sector de
Energía y Minas que carga sobre sus espaldas
responsabilidades trascendentales como
estas. |